martes, 24 de agosto de 2010

Rosario




Yo, que me parezco a ti, busco adornar las cúspides de tu catedral, caminas por el pasillo entre tronos de ángeles pero no volteas a verme. Me escuchas susurrar, pero es un intento vano, yo ya he muerto y te observo viva. Te abrazo por las noches cuando sé que nadie me interrumpiría, salvo otros ángeles que compiten por tus abrazos y los sueños de extraños que añoran dormir a tu lado. Pero tú eres fiera arisca, y nadie es suficientemente digno de compartir tus noches. Quisiera volver a la vida, aunque fuera por un único día y gastarlo oliendo las flores de tu melena obscura. Esta tarde sientes frio aunque el sol de tu mundo queme, mi brisa gélida te rodea y eriza tu piel. Tomas una vela del candelero y la posas en tus manos, veo como se derrama la cera caliente entre ellas, te quema, tu ríes de dolor, ríes de no saber si esto que te estoy pidiendo a gritos es real o no…no quiero que dejes mi foto en una iglesia vacía, el rosario negro que acompaña mi estampa es el reflejo de lo que alguna vez rodeo mi vida, vacía, sin luz, sin tu luz. No me abandones aunque yo ya no exista. Sigo en tu vida amándote a la distancia. Saboreando la ironía de que ahora si puedo rozar tu rostro como el aire, entrar en ti con cada respiro tuyo y ser exhalado para volver a entrar.

2 comentarios:

Ricardo Musso dijo...

Ay Bianca; no se si te entendí bien pero me gustó mucho!.

Ahora, cuando te leo no puedo evitar pensar: “mirá que te las buscas complicadas las relaciones eh!”…jajaja!.

Besos.
Rik

RECOMENZAR dijo...

Que lindo texto complejamente femenino