sábado, 13 de agosto de 2011

Lágrimas de San Lorenzo

Fue una noche cargada con lluvia de estrellas que no se dejaron ver, escondidas tras una colcha de nubes grises, azuladas por la noche. Como tú y yo en un lugar prohibido. Aun cuando respiro sigo oliendo tu aliento macerado entre maltas de roble blanco y lúpulo. El dulce veneno que me hace temer pero al que me gusta seducir de vez en cuando sólo para pensar que puedo mirarle a los ojos sin dejarme caer en la tentación de su infierno. Ese mismo calor que te salpica y te hace desvariar entre la miel de tu ser y el acre de tu armadura férrea. Mansa a tus órdenes fingía guardar la conciencia y escuchar con atención cada palabra que salía con fuerza de tu boca, me mantenía dividida entre mil mundos sin dejar de sentir algo diferente en cada uno de ellos. Tienes el antídoto para que viva un día más, y muero lentamente al minuto en que te apartas. He logrado mantenerme a salvo a través del placebo que proporciona mi propia imaginación, hasta que dejo de creer. A veces corre el tiempo justo para volverte a ver, pero en ocasiones el resultado ha podido ser fatal. Quizás esta vez sí esté ante las puertas del paraíso, pero aun se hayan cerradas. Por hoy sólo me conformo sabiendo que vivo soñando que algún día entraré.